Sarayaku, tierra de valientes

Luego de una larga búsqueda, mi amiga y yo decidimos viajar a un lugar que conserve su identidad y conocimientos ancestrales; que nos permita internarnos en la naturaleza y aprender de ella, y acertamos en la elección! Nuestro destino fue Sarayaku, un pueblo de nacionalidad kichwa que alberga a más de 1200 habitantes en un área de 135 mil hectáreas de selva en la provincia de Pastaza. Sus vecinos son los achuars, shuars y huaoranis.

Inicio de nuestro viaje

Salimos un jueves a las 23:30 desde la ciudad de Guayaquil hasta Puyo, ahí tomamos nuestras provisiones y nos dirigimos a las oficinas de la Coop. Centinela del Oriente (junto al mercado Mariscal) donde abordaríamos un bus hacia Canelos.

Durante una hora veía cómo nos alejábamos de la ciudad y nos adentrábamos a una espesa vegetación. Al llegar a Canelos tomamos una camioneta que en 15 minutos nos llevaría hasta un lugar llamado ‘La Punta’. Fuimos afortunadas porque ese tramo toma 2 horas a pie y hacer  hitchhikking… ¡no funciona en esa parte de la selva!

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Nuestra ruta

Llegamos a La Punta y encontramos más personas que se dirigían a Sarayaku con abastos y regalos para sus familias. Gracias a la marea alta, nuestro viaje en canoa por el río Bobonaza duró 3,5 horas (la media es 4 horas).

Un incandescente sol me doraba la piel y al mismo tiempo el salpicón del agua de río y el viento me refrescaban.

A lo lejos vimos una gran whipala[1] flameando a la entrada de la plaza central, ya habíamos llegado a nuestro destino! Fuimos recibidas por el grupo de seguridad interna WIO, quienes nos dieron la bienvenida y nos dirigieron con los organizadores de la fiesta.

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Whipala en la entrada a la plaza central

Pachamama Raymi

Durante tres días disfrutamos de los actos preparados por la comunidad. Los hombres, mujeres y niños medían sus fuerzas en los juegos tradicionales de lucha libre, natación, lanzamiento de flecha, cerbatana, atletismo, juego en equipos; dejando muy en claro que aquí trabajan en equipo. También presenciamos el juramento colectivo de la bandera, escuchar corear el himno nacional en kichwa me hizo sentir una extraña en mi propio país.

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Rostros pintados, cortesía Julie Donohue

Como parte de la celebración, los pobladores pintaban en su rostro con dibujos, líneas y trazos geométricos que les daban un aspecto de belleza o de rudeza. Ellos empleaban el wituk[2]. Otras ocasiones para pintarse son el cortejo y movilizaciones.

La música es responsabilidad de los hombres, ellos tocan sus tambores y sólo así tendrán el privilegio de invitar a bailar a una mujer (bajo consentimiento del esposo o padre). Lo que más llama la atención durante la danza es el largo, negro y lacio cabello de las mujeres que se mueve libremente de izquierda a derecha. Afortunadamente alguien vio mi espíritu de fiesta y me invitó a bailar, una grata experiencia que nunca olvidaré.

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Bebiendo chicha de yuca

En esta fiesta nada mejor que disfrutar de la bebida oficial de la amazonia: la chicha de yuca. Toda casa tiene su reserva de chicha para compartirla en la fiesta o beberla con la familia durante el día. Las mujeres anfitrionas son las encargadas de servirla en mukawas[3] a cada uno de los invitados.

La chicha también juega el papel de ‘cupido’. La mujer conquista a su amado al momento de servir la chicha; para su misión ella pinta su rostro con wituk, sirve la chicha en la muskawa más bonita y sonríe. Así demuestra su simpatía y cada vez lo va enamorando…

…  y por curiosidad ¿Cómo se prepara la chicha?

Esta labor es realizada por las mujeres. Todo empieza desde la siembra y posterior cosecha de la yuca, luego la cocinan hasta que esté blanda, la maceran con sus propios dientes y finalmente la escupen en grandes vasijas de barro para su fermentación. Después de cinco días se la puede beber sola o con alcohol.

No cabe duda que son un pueblo alegre; con guitarras y tambores acompañamos a un grupo de amigos hasta la casa de José, ahí empezó la fiesta al compás de los tambores y los cánticos. Ni el fangoso camino pudo con nosotros; mis compañeros de fiesta eran ágiles para andar, mientras que yo usaba una linterna y de vez en cuando pedía ayuda para no resbalar.

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Recorrido a la casa del Kuraka

En el día recorrimos los alrededores, es que a 300 metros de la plaza central ya puedes disfrutar del bosque, caminar entre árboles que miden más de 10 metros de altura, escuchar el canto de pájaros que parecen salidos de algún libro de cuentos, y sentir el inestable clima de la región (lluvia, sol, calor, frío). Practicamos trekking, fuimos a bañarnos en un cristalino riachuelo y tuvimos nuestra sesión de ‘lodoterapia’ al decidir caminar descalzas por los senderos.

En el último día de fiesta se realizó el cambio de mando de los Kurakas[4]. Caminamos desde la plaza central hasta cada una de sus casas para celebrar y augurarle éxitos en su nueva función.

Sarayaku y su aporte a los pueblos  indígenas

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Cartel en casa de un ciudadano

Además de disfrutar de la fiesta, personas involucradas en derechos humanos y pueblos indígenas prácticamente estudiaban a Sarayaku por su referente de resistencia indígena en Latinoamérica, al ser el primer pueblo en ganar un juicio al Estado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) haciendo respetar los procesos de consulta previa, libre e informada ante cualquier proyecto que pudiera afectar su territorio u otros derechos esenciales para su supervivencia.

La historia de Sarayaku como referente de resistencia empieza así:

En mayo de 1992 un grupo de indígenas se desplaza desde Puyo a Quito para pedir al gobierno de Rodrigo Borja la legalización de más de un millón de hectáreas para todos los pueblos kichwas del centro sur amazónico del Ecuador; propuesta que fue aprobada.

En 1996 el Estado concesionó a la empresa argentina Compañía General de Combustibles (CGC) el bloque petrolero 23 que comprendía 200 mil hectáreas afectando en un 65% al territorio de Sarayaku. Esta concesión se realizó sin realizar una consulta previa y menos aún pedir consentimiento al pueblo, lo cual incumplía con el artículo 21 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

La cronología del Caso Sarayaku en la Corte IDH:

Cronología del caso Sarayaku
Cronología del caso Sarayaku

2002, Lucio Gutiérrez era presidente de la república. Sarayaku se declara en emergencia durante siete meses para detener el entierro de pentolita de la compañía petrolera a sus tierras movilizándose y estableciendo los “campos de vida” en medio de la selva.

2003 los efectivos del Ejército y trabajadores de la CGC secuestraron a cuatro jóvenes de la comunidad. Ese mismo año, los dirigentes de la población acudieron ante la Corte IDH y solicitaron su intervención para salvaguardar sus derechos.

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Escena del video “Sarayaku, una lucha por el derecho al consentimiento libre e informado”

En julio del 2004, la Corte IDH dictó medidas provisionales a favor de la comunidad con la finalidad de proteger la vida e integridad de sus miembros. Se investigan los hechos de violencia cometidos en su contra y el bloqueo arbitrario del Río Bobonaza efectuado por aliados de la petrolera como medida de presión para que Sarayaku desista de las acciones legales.

2006 la Procuraduría General del Estado[5] propuso una solución: retiro voluntario de la empresa CGC del bloque 23.

Finalmente, el 27 de junio de 2012[6], luego de casi una década de litigio, la Corte IDH declaró por unanimidad, que el Estado es responsable por la violación de los derechos a la consulta, a la propiedad comunal indígena, a la identidad cultural y por la violación de los derechos a la garantías judiciales y a la protección judicial, además el Estado fue declarado responsable por haber puesto gravemente en riesgo los derechos a la vida e integridad personal.

Hasta el año 2015 el Estado ha cumplido con el pago de la indemnización económica, dinero que ha servido para iniciar proyectos de desarrollo local, turístico y social.

Las disculpas públicas se realizaron en octubre del 2014[7]. Con respecto a los 1.400 kilos de pentolita[8] que debieron ser retirados hace más de un año, ésta aún se encuentra enterrada debido a que no se poseen mapas que determinen su ubicación exacta. A pesar de haber ganado el juicio aún son blanco de las intenciones petroleras del gobierno, con toda clase de argumentos para ingresar a su territorio.

Un día normal

Una vez culminada la fiesta, nos quedamos dos días más en casa de nuestra anfitriona Patricia. La hora de la comida representaba la unión y el reencuentro familiar, éramos casi 12 personas en su mesa, entre su familia, los voluntarios y nosotras. La dieta básica consistía en pescado, yuca y papas (todo orgánico) acompañado de vegetales o granos.

Su vivienda, al igual que las de sus vecinos, es de madera con techos de hoja de palma. Se busca en lo posible evitar el uso de materiales contaminantes como el zinc. Cada casa en Sarayaku cuenta con un panel solar que les provee de energía eléctrica. No hay señal de telefonía celular, sin embargo hay buena comunicación entre los vecinos.

La vía principal de acceso al pueblo es a través del río Bobonaza. Los barrios están conectados por angostos caminos de piedra o madera, o por puentes. También poseen una pista de aterrizaje para las avionetas.

No hay vehículos ni motos, los transeúntes irrespetuosos suelen ser una que otra gallina, perro o serpiente; tampoco vi gatos ¿será porque no hay ratones?  Esta analogía tiene sentido debido al uso racional de los recursos que obtienen de la naturaleza; el material orgánico alimenta a los animales o sirve de abono, los líquidos se riegan en las plantas, los plásticos son reutilizados y los pocos desechos sólidos son transportado s en canoa hasta Puyo. Todo lo que da la tierra es utilizado para la vida, saben cómo curarse con las plantas medicinales. Actualmente trabajan en la construcción de un gran huerto comunitario con la finalidad de preservar su propiedad intelectual ancestral.

Fuimos afortunadas de conocer a Corina y su esposo Sabino quienes son los mayores de la casa y personajes en todo el pueblo, ellos han sido parte de las manifestaciones en representación de su pueblo. A pesar de la edad (alrededor de 90 años) aún conservan la energía suficiente como para ir a la chacra a cosechar o ayudar a sus vecinos en alguna minga. A instantes callados, pero al momento de opinar son directos, ellos son una fuente de conocimiento ancestral valiosísima y ejemplo para muchos hogares (aún los recuerdo caminar juntos, sin importar la condición del camino, siempre juntos).

Un día normal empieza a las 4:30am cuando nos reunimos a beber guayusa con hoja de ajo y contar nuestros sueños a los mayores de la casa, según su interpretación se ejecutaran las actividades planificadas para ese día. Con cada pilche de esta energética bebida los presentes van opinando sobre algún tema o se van resolviendo malentendidos.

Ya en el día, Corina nos enseñó a cosechar yucas y papas, a entender que la tierra nos da el alimento y no es bueno sobreexplotarla. Ella sonreía cada vez que me veía pelear con los insectos que se posaban sobre mis brazos. Más de media hora me tomó entender que ellos simplemente querían absorber mi sudor, incluso las mariposas empezaron a rodearme.

Sabino, que es uno de los dos yachak[9], nos invitó a participar en una ceremonia sagrada. Ya en la noche él se sienta en una silla de madera que tiene tallada un águila y un jaguar, él está listo para iniciar la ceremonia y nos da de beber ayahuasca. Todas las luces se apagan y empieza a cantar los ícaros[10] mientras nos va curando con la medicina que sana dolores del alma y del cuerpo, y nos conecta con la tierra.

Finalmente llegó el día de regresar a casa, esta vez tomamos una avioneta de carga que nos llevaría a Shell. Durante los primeros minutos de vuelo vi cómo poco a poco se perdían de mi vista los rostros de las personas que nos despidieron desde la pista de aterrizaje y cómo la casa en la que habíamos sido alojadas se transformaba en un puntito, como si un bosque infinito se la tragara y el río Bobonaza se convirtiera en una enorme serpiente guardiana.

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Vista aérea de Sarayaku

La tierra que estábamos dejando es una tierra de gente orgullosa de mostrar al mundo la belleza de su pueblo y sus saberes ancestrales, valientes que practican el verdadero Sumak Kawsay.


DATOS ADICIONALES

Fiestas

  • Uyanza.- Festividad bianual. La próxima será en febrero de 2017.
  • Pachamama Raymi.- Se realiza cada año en el mes de mayo.

Visitas

Comunícate con la oficina de coordinación de Sarayaku en Puyo (+593) 032883979 o Papangu Tours

Equipo necesario

Carpa, sleeping bag, linterna, botas de caucho, poncho de aguas, alimentación, agua, repelente, bloqueador solar, y todo lo necesario para tu estadía en la selva.

Palabras empleadas

[1] Whipala.- Bandera de los pueblos originarios

[2] Wituk.- Tinta natural para pintar temporalmente la piel

[3] Mukawas.- Recipientes hechos a base de arcilla muy fina, morena, beige o gris

[4] Kurakas.- Autoridad tradicional

[9] Yachak.- Shaman

[10]Ícaro.- Cánticos especiales en el idioma del shaman

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4 thoughts on “Sarayaku, tierra de valientes

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