Ilusión express

Eran las 2pm de una tarde soleada y con el típico calor infernal guayaquileño. Yo estaba dentro del bus en una céntrica avenida del norte de la ciudad. Los pitazos de los autos y las continuas historias de los vendedores de caramelos retumbaban en mis oídos haciéndome sentir ansiosa por llegar pronto a mi destino.

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Foto de diario El Universo

El bus hizo una parada a las afueras de un colegio religioso. Inmediatamente empezaron a subir colegiales quienes reían, se golpeaban y jugaban, al parecer el inclemente clima me asfixiaba a mí y no a ellos. El bus arrancó y una joven colegiala se quedó sin asiento, estaba de espaldas y tenía una larga y lacia cabellera castaña que me recordaba a algún ángel a los que suelo invocar cuando rezo. “¡Qué foco[1] es quedarse sin asiento y que todos te vean!” me decía a mis adentros. Ella volteó y yo quedé sorprendida. Sus facciones eran delicadas y el color de sus ojos combinaba con su cabello, sus pestañas delataban que había usado rímel, era lo único artificial que había sobre su rostro de no más de 17 años.

Inmediatamente un joven de la cuarta fila le cedió el asiento. Yo estaba en la quinta fila y tenía el panorama perfecto para empezar a escribir esta historia. El chico que estaba sentado junto a ella movía la cabeza constantemente como si quisiera voltear a verla pero se arrepentía, ella simplemente no le paraba bola[2].

Una parada brusca del bus anunciaba que alguien se subía a mi historia. Era él,  ese personaje que tenía que subir en el momento perfecto. Sus cabellos crespos, lentes de hipster[3] y sus audífonos blancos escondían a un joven de aproximadamente 20 años, cargaba una mochila y rollos de papel que delataban que dibujaba planos; afortunadamente encontró un asiento vacío cercano al pasillo. Alguien captó su presencia… ¡Era ella!

lentes hipster

Me pregunté ¿Acaso soy testigo de una versión moderna de algún cuento?, al menos mirar la escena me hacía olvidar momentáneamente que el termómetro marcaba 34º a esa hora.

Ambos chicos estaban separados por 100 centímetros de pasillo, ambos en la cuarta fila. Durante cinco minutos sus miradas se buscaban. Él guardó sus audífonos y por momentos sonreía discretamente, ella tímidamente bajaba su cabeza. Yo esperaba el momento en que uno de ellos al menos dijera un ¡Hola que hace!

La siguiente parada y uno de los dos tenía que bajarse, era él; él quien al estar en la acera se tomó la molestia de pararse frente al bus y ver cómo éste se alejaba con la colegiala que había captado su atención.

Luego de recorrer 15 cuadras la joven llegaba a su destino; alguien sintió su ausencia pues tenía su mirada puesta en ella desde el inicio, era quien estuvo sentado junto a ella durante todo el viaje y constantemente volteaba a verla disimuladamente.

distancia (3)

Finalmente entendí que se cerró el telón para esta historia; que los momentos son perfectos, los finales inciertos, los valientes pocos, los callados muchos, los grandes amores tormentosos y que las ilusiones  “se le pueden caer al subir o bajar del bus” como decía el caramelero de turno.


[1] ¡Qué foco!.- (modismo) “¡Qué vergüenza!”.

[2] Parar bola.- (modismo) Prestar atención.

[3] Hipster.- Persona que se caracteriza por tener gustos e intereses asociados a lo vintage, lo alternativo y lo independiente.

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